jueves, 8 de septiembre de 2011

Ocho minutos y medio de invasión mental

Cuando escucho Explosions in the Sky, me veo a mí misma tirada en la cama, con la cabeza y los brazos fuera de ella, boca arriba, sostenida por el propio peso de mi cuerpo, mientras fumo y miro el techo. Escucho la música que hace vibrar mi corazón de emotividad.
Y mientras, sigo mirando el techo, viendo miles de formas en un espacio en blanco, como el pintor que observa su lienzo antes de comenzar a crear, pienso en imaginarme el vacío, la nada, o en el falso significado de la palabra silencio. Una palabra mentira. ¿Escuchas el silencio? ¿o no?
Ahora cierro los ojos e imagino cientos de cosas más, dibujos, fotografías que nunca he realizado, temas de los que nunca he debatido, canciones que nunca he bailado y que mataría por hacerlo contigo, impresiones que nunca he escrito y sentimientos que nunca he sentido, pero que ahí están, esperándome actuar. Sentir... que me acaricias la espalda con un solo dedo, y que la piel se pone en guardia y dejas tu rastro en mi piel, tu olor que no existe... Sentir la soledad en un pueblo de 30.000 habitantes, notando cómo las gotas resbalan por mi cara, contemplando cómo la gente huye despavorida de la lluvia. Estoy mojada, la ropa se pega en mi cuerpo y peso más, y corro, y siento el aire golpear mi cara y no veo nada porque líquidas agujas penetran en mis ojos.
Estoy ciega pero no quiero abrir los ojos. Todo, absolutamente todo adquiere su real color cuando la luz desaparece. La realidad está en la noche.

Abro los ojos y el cigarrillo se ha consumido entre mis dedos, pero no me quema porque no estoy. O no existo.

1 comentario:

Charlotte dijo...

Es genial esa sensación de todo y nada. Creo que son las veces que más en paz me siento conmigo misma y con el mundo en general.

(Me gusta lo de la realidad está en la noche. Ojalá los guionistas de hoy en día tuvieran frases tan buenas, así no tendrían que vivir de remakes y mierdas varias)